Los buzos que trabajaron en Pearl Harbor tras el ataque del 7 de diciembre de 1941.

 


Emerger a la superficie cubierto por una capa densa y negra de petróleo era solo parte de la rutina para los buzos que trabajaron en Pearl Harbor tras el ataque del 7 de diciembre de 1941. Esta fotografía de mayo de 1943 captura a uno de esos hombres ascendiendo desde las entrañas sumergidas del acorazado USS Arizona. Tras la devastadora explosión en sus pañoles de municiones, la nave se hundió en cuestión de minutos, llevándose la vida de 1.177 marineros, casi la mitad del total de bajas estadounidenses de aquella jornada. Durante meses, los buzos de la Marina se internaron en el naufragio bajo condiciones de extremo peligro. Sin visibilidad alguna y abriéndose paso al tacto entre acero retorcido y compartimentos colapsados, operaban con pesados trajes alimentados desde la superficie para recuperar armamento, equipos y los restos de sus compañeros. El daño estructural fue tan severo que las autoridades determinaron que el acorazado no podía ser rescatado ni devuelto al servicio. El barco permaneció en el fondo del puerto, convirtiéndose en el descanso final de gran parte de su tripulación. Hoy, más de ocho décadas después, el USS Arizona continúa liberando lentamente pequeñas gotas de combustible desde sus tanques sumergidos. Es un fenómeno constante en las aguas de Pearl Harbor que la historia conoce formalmente como las lágrimas negras del Arizona.

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