Dafne.
Dafne, cuyo nombre en griego (Δάφνη) significa “laurel”, fue una ninfa asociada a los ríos y a la virginidad de los bosques, célebre en la tradición mítica por su relación con el dios Apolo. Según Ovidio en sus Metamorfosis (I, 452-567), Dafne era hija del río Peneo en Tesalia, aunque otras tradiciones, como las recogidas por Pausanias (Descripción de Grecia, VIII, 20, 1), la hacen hija del río Ladón en Arcadia. Apolo, envanecido tras vencer a la serpiente Pitón, provocó la ira de Eros; este, en venganza, le lanzó una flecha de oro que encendió en él una pasión abrasadora por Dafne, mientras que a ella le disparó una flecha de plomo que sembró en su pecho el rechazo hacia todo amor. Así, mientras el dios la perseguía por bosques y riberas, la ninfa rogó ayuda a su padre para librarse de su acoso, y fue entonces transformada en laurel, árbol que desde ese momento se convirtió en el símbolo sagrado de Apolo y de la victoria.
Una variante del mito, transmitida por el mismo Pausanias (Descripción de Grecia, III, 23, 7), ofrece una versión laconia diferente. Allí, Dafne aparece como hija de Amiclas o de Amidas, consagrada a la caza y devota de Ártemis, viviendo lejos de la vida urbana. El joven Leucipo, hijo del rey Enómao de Élide, se enamoró de ella y, para poder acercarse, se disfrazó de doncella y se unió a las compañeras de caza de la ninfa. La estratagema funcionó hasta que, instigadas por los celos de Apolo, las jóvenes decidieron bañarse desnudas en una fuente. Leucipo, obligado a despojarse de sus ropas, fue descubierto y atacado; entonces los dioses lo hicieron desaparecer. Sin embargo, Apolo aprovechó el caos para intentar apoderarse de Dafne, quien volvió a suplicar auxilio divino, siendo transformada en laurel, esta vez por intervención de Zeus.
El mito de Dafne encierra un fuerte simbolismo sobre el rechazo al deseo carnal y la inviolabilidad de la virginidad consagrada a los dioses. Tanto en la versión tesalia como en la laconia, la metamorfosis en laurel no solo la libra de la posesión de Apolo, sino que la convierte en emblema de pureza y eternidad. A partir de entonces, el laurel se volvió el atributo de Apolo, usado en las coronas de los vencedores en los certámenes píticos de Delfos y en la poesía inspirada por las musas. Así, la historia de Dafne, más allá del drama de la persecución, se convirtió en un mito fundacional de la unión entre la naturaleza, la divinidad y la gloria poética en la tradición griega.
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