Pero siempre es posible.
Mi objetivo es practicar la gratitud hasta que se convierta en algo automático.
Porque solemos despertarnos
y ya estamos haciendo
un recuento de nuestros problemas.
Antes incluso de levantarnos
de la cama, nuestra mente
ya ha hecho un inventario de todo
lo que está mal: trabajo, personas, dinero, tiempo. Una lista precisa, actualizada y oportuna.
Y mientras tanto, se le escapa lo más importante: que estamos vivos.
No es algo insignificante. Lo es todo.
Es la base de todo lo demás: problemas, sí, pero también soluciones. De las reuniones,
de las risas, del café, de la luz
de marzo que se filtra por la ventana.
Cada día tenemos infinitas posibilidades, pero siempre
partimos de lo que nos falta,
de lo que nos pesa,
de lo que aún no funciona.
Y así no vemos el café caliente,
la luz cambiante, a una persona
que nos sonríe, un momento
que pasa y no vuelve.
En resumen, no estamos presentes
en las pequeñas cosas por las que deberíamos estar agradecidos.
La gratitud no es un ejercicio
ni una práctica espiritual reservada para quienes tienen tiempo y paz.
Es simplemente esto: darse cuenta.
Darse cuenta de que hoy
hemos despertado de nuevo.
Que el día ha comenzado.
Que desde aquí, desde este preciso instante, aún podemos elegir
hacia dónde mirar.
No siempre es fácil.
Pero siempre es posible.
Sebastiano Alicata
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