La perla y la concha.
“Ningún golpe alcanza su corazón, el daño cae sobre la concha, no sobre la perla.” La vida golpea. A veces con suavidad. A veces con una fuerza que parece imposible soportar. Pierdes personas. Pierdes certezas. Pierdes planes que dabas por seguros. Y poco a poco empiezas a creer que tú eres esas heridas. Que tú eres esas pérdidas. Que tú eres esos fragmentos. Pero Rumi propone algo diferente. Dice que existe una parte de nosotros que permanece intacta. Una profundidad que no envejece. Una realidad que no puede romperse. La concha recibe los golpes. La perla permanece.
Los años pueden tocar el cuerpo.
Las decepciones pueden tocar la memoria.
Los temores pueden tocar la mente.
Pero hay algo más profundo
que observa todo eso.
Los sufíes no buscan una vida sin tormentas.
Buscan descubrir la perla.
Porque quien encuentra la perla
deja de vivir aterrado por la concha.
Quizás la paz
no consiste en evitar el sufrimiento.
Quizás consiste en recordar
qué parte de nosotros
nunca ha sido herida.

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