La vejez.
"La vejez es cuando empezamos a decir:
«Nunca me he sentido tan joven.» En este jardín florecen las flores que apenas habríamos pensado cultivar en otro tiempo. Aquí florece la Paciencia, una planta noble. Nos volvemos apacibles, tolerantes, y cuanto más disminuye nuestro deseo de intervenir, de actuar, más vemos crecer nuestra capacidad para observar, para escuchar la naturaleza tanto como a los hombres. Dejamos que su existencia se desarrolle ante nosotros sin sentir ninguna voluntad crítica, con un asombro siempre renovado ante su diversidad. A veces sentimos interés y un silencioso pesar, a veces reímos con un entusiasmo límpido, con humor. La vejez permite tal vez recuperar la felicidad de ser uno mismo. Nadie puede ya tener la tentación de ser otro. Los dados están echados. Las emociones turbias que nos han atravesado, como la preocupación por la apariencia, la posesión o la ambición, se atenúan a medida que se alejan las edades de la vitalidad y la vanidad. Es entonces cuando muchos descubren... Pero a menudo es demasiado tarde —que la maravilla está en el instante…" Bernard Pivot
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