La historia de Hilas.
La historia de Hilas, íntimamente ligada a la de Heracles, aparece en varias fuentes antiguas, entre ellas Apolonio de Rodas en sus Argonáuticas (I, 1207-1357), y más tarde en las versiones de Teócrito (Idilio XIII) y Propercio. Hilas, hijo del rey dríope Tiodamante, fue raptado por Heracles tras la muerte de su padre. El héroe quedó prendado de la juventud y belleza del muchacho, al punto de hacerlo su compañero inseparable, llevándolo consigo incluso en la célebre expedición de los Argonautas. Esta unión entre ambos ha sido vista tanto como expresión de la costumbre griega de la paiderastia heroica, como símbolo de la devoción de Heracles hacia aquellos que amaba y protegía.
Durante la expedición, Apolonio relata que, al arribar los Argonautas a Misia, Heracles se vio obligado a fabricar un nuevo remo tras haber roto el suyo. En ese momento envió a Hilas a buscar agua a una fuente. El muchacho, al inclinarse para tomarla, fue contemplado por las ninfas de la fuente, quienes, atraídas por su hermosura, lo sedujeron y arrastraron hacia el interior para hacerlo partícipe de su mundo y conferirle una suerte de inmortalidad. Teócrito describe la escena con tono lírico: el grito de Hilas, mientras era arrebatado por las ninfas, resonó inútilmente en el bosque, sin que Heracles, que lo buscaba desesperado, pudiera hallarlo.
El destino de Hilas quedó marcado por esta desaparición misteriosa. Los Argonautas, impulsados por los Boréadas, zarparon sin esperar a Heracles ni a Polifemo, quienes continuaban buscándolo. Según Estrabón (XII, 4, 3), Polifemo fundó la ciudad de Cíos, en Misia, como recuerdo del lugar donde perdió a su compañero. Heracles, creyendo que los misios habían secuestrado al joven, tomó rehenes y ordenó su búsqueda. La tradición señala que los habitantes de Misia perpetuaron esa memoria en un rito anual: los sacerdotes recorrían en procesión los montes cercanos invocando tres veces el nombre de Hilas, como si aún esperaran su regreso. Así, el mito del bello joven desaparecido en las aguas no solo se convirtió en símbolo del amor heroico de Heracles, sino también en una leyenda ritual que unió la mitología con las costumbres religiosas locales
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