Gabriel Celaya.

 


Cuéntame cómo vives;


dime sencillamente cómo pasan tus días,


tus lentísimos odios, tus pólvoras alegres


y las confusas olas que te llevan perdido


en la cambiante espuma de un blancor imprevisto.


Cuéntame cómo vives.


Ven a mí, cara a cara;


dime tus mentiras (las mías son peores),


tus resentimientos (yo también los padezco),


y ese estúpido orgullo (puedo comprenderte).


(Gabriel Celaya)

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