Hay una fuerza que no pedimos...

Hay una fuerza que no pedimos y que, sin embargo, nos persigue por dentro. Una fuerza áspera, casi feroz, que nos ordena levantarnos incluso cuando el alma ya se arrastra. Es ese impulso oscuro, medio desesperado que nos obliga a fingir fortaleza cuando por dentro solo quedan grietas.

Y uno obedece. Obedece aunque duela. Obedece aunque el cuerpo tiemble y el corazón quiera rendirse.

Nos volvemos esculturas de nosotros mismos: duros por fuera, quebrados por dentro.

Aprendemos a ocultar la fragilidad como si fuera vergüenza, a callar el cansancio como si admitirlo fuera una traición. Nos miramos al espejo y vemos una versión endurecida, ajena, moldeada más por el miedo que por la verdad.

Pero hay algo brutalmente humano en ese conflicto. 

Esa guerra íntima entre lo que somos y lo que nos exigimos ser.

Esa necesidad de sostenernos aun cuando ya no queda nada que sostener.Al final, lo más valiente no es obligarse a ser fuerte. Lo más valiente es no mentirse. Es reconocerse frágil… y aun así seguir caminando. 

Web

Comentarios