Hay un momento en el que la mente quiere explicarlo todo.


Hay un momento en el que la mente quiere explicarlo todo, nombrar cada vibración interior, como si catalogar fuera suficiente para entender.

Sin embargo, las emociones no requieren análisis, necesitan presencia.
Cuando dejamos de cuestionarlas y empezamos a pasar a través de ellas, algo sutil sucede: perdemos el control, pero ganamos dirección.
Dejarnos guiar no es una debilidad,
es un acto de profunda confianza en quienes somos, en lugar de quienes creemos que somos.
Sólo después del naufragio, sólo cuando el viaje haya dejado marcas, podemos mirar hacia atrás y leer realmente el mapa.
La comprensión no precede a la experiencia: es una consecuencia silenciosa.
Fabio Privitera
Arte René Magritte

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