Sancho I de León, apodado “El Craso” .
¿Sabías que hubo un rey en España que perdió el trono… por ser demasiado gordo?
Así es. Sancho I de León, apodado “El Craso” —que literalmente significa “el Gordo”— llegó a pesar más de doscientos cuarenta kilos. Su obesidad era tal que no podía montar a caballo ni blandir una espada, lo que en plena Edad Media era una sentencia de muerte para cualquier rey.
Fue derrocado por su propio primo, rechazado por sus nobles, y expulsado de su propio reino. Pero no se rindió...
Su abuela, la implacable reina Toda de Navarra, pidió ayuda nada menos que al califa de Córdoba, y este envió a un médico judío que lo sometió a un tratamiento brutal: le cosieron la boca, lo arrastraron con cuerdas y lo metieron en baños de vapor.
Perdió más de ciento veinte kilos. Y cuando pudo sostener una espada de nuevo... volvió con un ejército musulmán a recuperar su trono.
Fue rey otra vez. Pero traicionó el pacto que le había devuelto el poder... y murió envenenado a los treinta y cinco años. ¿Quién lo mató? ¿Cristianos? ¿Musulmanes? ¿Sus propios cortesanos? Nunca se supo.
Su vida es uno de los episodios más extraños, oscuros y fascinantes de la monarquía medieval española.
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