Hablemos de la salud mental
Hablemos del svicidio: lo que el silencio no debería callar
A veces no es la muerte lo que buscamos, es el silencio del dolor.
Un paréntesis.
Un lugar donde dejar de luchar con uno mismo.
El svicidio no siempre tiene forma de drama.
A veces se disfraza de rutina.
De mensajes respondidos a medias.
De ausencias que nadie nota.
De un “estoy bien” que se quiebra por dentro.
Hay personas que sonríen mientras se hunden.
Que siguen yendo a trabajar.
Que preguntan cómo estás, cuando lo que más necesitan es que alguien se lo pregunte a ellas.
Y no se trata de debilidad.
Se trata de cansancio.
Un cansancio que no se quita durmiendo, sino sintiéndose visto.
Sintiéndose querido, incluso roto.
Vivimos en un mundo que exige tanto,
que cuando no podemos con todo,
sentimos que somos menos..
Menos válidos.
Menos fuertes.
Menos dignos.
Pero lo que nunca nos enseñaron,
es que pedir ayuda es un acto de coraje.
Y quedarse, incluso cuando todo duele,
es una forma profunda de esperanza.
Quédate.
Aunque hoy no veas el sentido.
Aunque la luz parezca un recuerdo lejano.
Porque la oscuridad no es el final del camino,
es una parte del viaje.
Y si tú no puedes sostenerte,
permite que otros te sostengan.
Porque mereces compañía.
Mereces vivir una vida en la que no tengas que esconder el dolor para ser amado.
No estás solo.
No estás rota.
No estás perdida sin retorno.
Eres una historia que aún se está escribiendo.
Una herida que también florecerá.
Y si tú no puedes creerlo ahora,
yo lo creo por ti.
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