León Foucault.


 En 1851, en el centro del Panteón de París, el físico francés Léon Foucault realizó un experimento que dejó sin palabras al público: logró mostrar que la Tierra rota… sin necesidad de mirar al cielo.

Colgó una esfera de 28 kilos de un cable de 67 metros de largo y la dejó oscilar libremente, como un péndulo. Durante los primeros minutos, parecía que todo se mantenía igual. Pero con el paso del tiempo, algo extraño comenzó a ocurrir: la dirección del péndulo parecía cambiar lentamente, como si una fuerza invisible lo desviara.
Lo que en realidad ocurría era que el plano de oscilación del péndulo se mantenía constante debido a la inercia; lo que cambiaba era el suelo bajo él, arrastrado por la rotación de la Tierra.
Este fenómeno, conocido como el péndulo de Foucault, fue la primera demostración visual y comprensible para el público general de que nuestro planeta gira sobre su eje. Hasta entonces, la rotación terrestre solo se había deducido a través de cálculos astronómicos o efectos indirectos como el aplanamiento polar.
El experimento fue tan claro y tan elegante que se replicó en universidades y museos de todo el mundo. Hoy, muchos museos de ciencia aún conservan versiones funcionales del péndulo de Foucault, como un símbolo vivo de una verdad que damos por sentada… pero que durante siglos fue motivo de debate.
Por supuesto, el giro que se observa no es igual en todos lados. En París, el plano de oscilación del péndulo rota unos 11° por hora, completando un círculo en poco más de 32 horas. En el polo norte, el giro sería de 360° cada 24 horas. Y en el ecuador… no habría rotación aparente en absoluto. Esto se debe a que el efecto depende de la latitud, algo que se explica mediante la fuerza de Coriolis.
Foucault logró lo que pocos científicos han conseguido: mostrar, con una sencillez impactante, algo tan grande como el movimiento de un planeta entero.
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