DIÁLOGO ENTRE ALEJANDRO MAGNO Y DIÓGENES EL PERRO.


Después de conquistar gran parte de Grecia Alejandro Magno llegó a la ciudad de Atenas. Estaba impresionado por los templos de la polis y por la fama de sus maestros, pero Alejandro quería conocer a Diógenes. Cuando se encontraron le dijo:


—Yo soy Alejandro Magno, el Gran Rey.

—Y yo soy Diógenes, el perro.

—¿Y por qué te llaman así?

—Porque muevo el rabo ante los que me dan algo, ladro a los que no me dan y muerdo a los malvados.

—Entonces pídeme lo que quieras.

—Quítate que me tapas el sol.

—¿Acaso no me temes, Diógenes?

—Valiente Alejandro, ¿por qué habría de temerte? Dime, ¿te consideras un hombre bueno o un hombre malo?

—Un hombre bueno, por supuesto.

—Entonces no hay razones para temerte. ¿Quién le temería a un hombre bueno?

—Sí, soy un hombre bueno y te estoy dando la oportunidad de que me pidas algo. ¿Por qué no me pides que reconstruya tu patria?

—Qué más da, seguramente otro Alejandro la arrasará de nuevo.

El jefe de la guardia real se acercó y le dijo: Mi señor, le ha faltado el respeto, ¿quiere que lo matemos?

—No, no le hagan daño. De no ser yo el rey Alejandro, habría querido ser Diógenes el perro.

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