Interior perdido.

 



En el fondo del cuarto, un dorado de mujer

se va apagando igual que una bujía.

El oro de la piel

en la penumbra de alba donde nunca

llegaré a abrir los ojos es la herida

de tu cuerpo desnudo en el espejo.

Hoy eres una carta

en la que tu voz ronca se armoniza

con sueños fracasados y, desnuda,

bailas conmigo lentamente, hendida

por el mañana inútil de un instante

fijado al recordar sin esperanza.

Oscurece y me acerco a aquel hotel

para buscar tu cuerpo

carbonizado, ausente, pero allí

tan sólo está la noche, una luz roja

que en una calle en obras mece el viento.


Joan Margarit

Imagen: Lynn Shaler


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