AMOR, M脥STICA Y TRAGEDIA. MEDEA Y SARAH BERNHARDT 馃尶



Sarah Bernhardt naci贸 el 23 de octubre de 1844 en Par铆s, hija natural de una prostituta de lujo jud铆a de origen holand茅s. Sarah tuvo m谩s hermanas, cada una de un padre diferente, que fallecieron en la infancia o en la juventud v铆ctimas de enfermedades o adicciones.

Todas ellas estuvieron marcadas por su relaci贸n con la madre, que deseaba que todas sus hijas se dedicaran a su mismo oficio, incluida Sarah.

De ni帽a estando en el campo al cuidado de una mujer, Sarah cay贸 en un caldero de leche caliente. Inmediatamente le fue colocada una m谩scara de arcilla que llev贸 durante mucho tiempo y que impidi贸 que le quedaran cicatrices.

Convertida al catolicismo a temprana edad se sinti贸 muy impresionada por la figura de Mar铆a la Virgen y plante贸 a su madre y a su protector su vocaci贸n de hacerse monja, encontrando una radical oposici贸n.

Esa m谩scara de arcilla que alivi贸 su dolor y conserv贸 su belleza debi贸 ser bastante parecida a aquellas que sol铆an llevar en escena los actores cl谩sicos y es como una premonici贸n del destino de Sarah, un ser herido por el desamor, el abandono e infinidad de traumas y cuya vocaci贸n y deseo profundo fue el teatro, la 煤nica pasi贸n de su vida que estuvo a su altura y en la que se sinti贸 amada y correspondida. El teatro se convirti贸 en su templo, del que fue Suma Sacerdotisa, desarrollando un estilo de interpretaci贸n fluido y natural alejado del r铆gido histrionismo de la vieja escuela. El deseo de Sarah era comunicar al p煤blico la vida del alma humana, siendo el texto y la interpretaci贸n un veh铆culo de esa comunicaci贸n que toca el alma.

Sarah, que lleg贸 m谩s lejos que ninguna actriz de su 茅poca y obtuvo el reconocimiento absoluto de la cr铆tica y el p煤blico, interpret贸 tanto teatro cl谩sico como de vanguardia, hizo cine y se prodig贸 en todo tipo de personajes, incluso masculinos.

Memorable fue su Medea, la princesa hechicera de la Colquide, poderosa, entregada y apasionada, siempre rodeada de personas mediocres, d茅biles y traicioneras.

Medea, del linaje del Sol, se convierte en el azote y el castigo de todos ellos, en especial de su esposo Jas贸n y no duda, para causarle el mayor dolor posible, en da帽arse a s铆 misma en lo m谩s tierno de su naturaleza femenina matando a sus propios hijos, a los que as铆 libra del oprobio de perder su condici贸n de pr铆ncipes.

El genial Alphonse Mucha la inmortaliz贸 en una de sus carteles m谩s c茅lebres, tocada con la corona de rayos, como sacerdotisa de H茅cate, el arma homicida sangrante en la mano y una mirada de profundo horror, una especie de mirada de Medusa, que simboliza el car谩cter letal de esta mujer capaz de todo ante la venganza.

Sarah Bernhardt no comparti贸 este car谩cter. Caprichosa y exc茅ntrica, sin embargo fue complaciente con la pereza y debilidades de sus seres queridos, que se extinguieron a su sombra.

Hubo sin embargo en ella una especie de tendencia autodestructiva que en su infancia se manifest贸 en numerosos accidentes que pusieron su vida en peligro y una rebeld铆a ante instituciones intocables, como la Comedie Fracaise, que no dud贸 en abandonar despreciando el prestigio que supon铆a pertenecer a ella. Como Medea, Sarah se encontr贸 a menudo en situaciones que la hac铆an vulnerable a su entorno y que super贸 gracias al enorme poder de su voluntad, su constancia y valent铆a.

Hizo muchas obras de caridad, apoy贸 a los soldados en tiempos de guerra y fue sobre todo muy generosa con su arte, apoyando siempre al teatro de vanguardia y actuando en sus giras en teatros extraordinarios y en salas de 铆nfima categor铆a, siempre con respeto y dedicaci贸n.

No conoci贸 el descanso y pese a su deterioro f铆sico, ya que le fue amputada una pierna como consecuencia de un accidente infantil que le dej贸 serias secuelas, la muerte la sorprendi贸 en plena interpretaci贸n.

Volviendo a Medea, nos han llegado dos tragedias cl谩sicas notorias con su nombre, la de Eur铆pides y la de S茅neca, que reflejan la tremenda lucha que se libr贸 en su alma.

El mito no castiga a Medea por la crueldad de su venganza. Realmente el castigo es su propia naturaleza que la condena a andar sola y errante y a ser poderosa, pero no amada. Ajena al perd贸n y la compasi贸n, Medea hizo justicia al precio terrible de vidas inocentes muriendo en vida ella misma.


A continuaci贸n os dejo dos fragmentos de las mencionadas tragedias que reflejan la mezcla de respeto, fascinaci贸n y horror que Medea inspir贸 en la Antig眉edad a griegos y romanos y un comentario de D.H. Lawrence en una carta escrita a un amigo despu茅s de ver a Sarah Bernhardt en una representaci贸n de "La Dama de las Camelias", describi茅ndola como si se tratase de una antigua M茅nade, un ser divino completamente irresistible.


"¡Es ella !... No os ment铆... ¡ni帽os amados!

¡Ruge de vuestra madre el alma, el cuerpo!

Entrad de prisa, entrad en el palacio.

Evitad su presencia y su mirada.

Ya no busqu茅is el maternal abrazo;

de su orgullo sin par, de su locura,

de su feral rencor, ni帽os, guardaos.

Entrad a toda prisa en el palacio.

De su dolor la nube se agiganta,

y pronto estallar谩 con mayor furia.

¿Qu茅 har谩 su coraz贸n duro, implacable,

mordido por el diente de la injuria?"


Descripci贸n de Medea por parte de una nodriza. Eur铆pides, "Medea"


"Yo os conjuro, tropel de sombras silenciosas, y tambi茅n a vosotros, dioses funerarios, y al ciego Caos y a la mansi贸n oscura del tenebroso Dite: las cuevas de la muerte espeluznante cercadas por los l铆mites del T谩rtaro; descansad de suplicios, almas, y corred a una boda inaudita.

Det茅ngase la rueda que retuerce sus miembros y toque Ixi贸n el suelo; que T谩ntalo a sus anchas pueda beber las aguas de Pirene; que s贸lo para el suegro de mi esposo se mantenga y se agrave la condena: que la resbaladiza piedra haga rodar a S铆sifo hacia atr谩s por los pe帽ascos. Y vosotras, Danaides, a quienes burla la frustrante tarea de unas vasijas agujereadas, acudid todas juntas, este d铆a requiere vuestras manos. Acude ya, invocada por mis conjuros, astro de las noches, revestida del m谩s terrible aspecto, amenazando con tu m煤ltiple frente. "


Invocaci贸n a las fuerzas del Infranundo. S茅neca, "Medea"


«Sarah era maravillosa y terrible. Oh, verla y escucharla, una criatura salvaje, una gacela con la fascinaci贸n y la furia de una hermosa pantera, riendo en franc茅s musical, gritando con verdadero grito de pantera, sollozando y suspirando como un ciervo solloza , herida de muerte ... No es bonita, su voz no es dulce, pero est谩 la encarnaci贸n de la emoci贸n salvaje que compartimos con todos los seres vivos...»

D.H. Lawrence


Im谩genes:

1, 2, 3.- Cartel para la representaci贸n de "Medea", interpretada por Sarah Bernhardt

Alphonse Mucha

4.-Sarah Bernhardt con 20 a帽os. Nadar, 1864


Art铆culo, recopilaci贸n de textos e im谩genes y publicaci贸n:

Diana E Mart铆n Herrero


Comentarios