Una de banderas.

Queridos rojigualdos. 

La bandera en la que os envolvéis nace como símbolo del Estado en 1843; son los años que siguen a la primera gran desamortización eclesiástica, la que hizo a tantos propietarios latifundistas; son los años también en los que se crea la Guardia Civil, las Academias Militares, se hace el concordato con la Iglesia y se construye un relato nacional  que resume Menéndez y Pelayo al definir España como “una nación de teólogos armados”. No le había dado un siroco. Era el tipo de nación que necesitaba un capitalismo altamente extractivo para, con el pretexto de la  disidencia religiosa o patriótica, machacar cualquier protesta tendente a una más justa distribución de la propiedad y de la riqueza. Por eso, en nombre de la bandera rojigualda, se invaden los campos en huelga, se tortura en los cuartelillos, se provoca el alzamiento contra la República y se asesina a mansalva durante muchos años incluso después de la guerra civil.Hoy la bandera del Estado ya no tiene el yugo y la flecha, sino el escudo constitucional. El escudo de un Estado que sigue ocupado por viejas corporaciones y minorías extractivas a las que se han sumado, los partidos políticos, la corporación bancaria, las empresas del IBEX 35 que usan las puertas giratorias con la clase política para escribir el bonito libro que se titula Boletín Oficial del Estado. Un Estado que, después de muchos siglos, sigue sin estar interesado en resolver la causa fundamental de los problemas que hoy nos preocupa: la coexistencia de distintos modelos de capitalismo en España, unos que estimulan el progreso y el bienestar, y otros que funcionan como colonias interiores. Comprenderéis que mucha gente no vea con simpatía la bandera española aunque se le haya cambiado el sello

.Carlos Arenas Posadas










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