La geografía del país del amor.


Si has estado allí, ya sabes cómo es.

Pero si no has estado, no hay poeta en el mundo que pueda enseñarte la geografía del país del amor.

Allí la tierra es siempre verde, hay flores por doquier, maduros frutos al alcance de las manos todos los días, los habitantes son todos hermosos, reservados pero buenos compañeros, el sol es cálido, áurea la aurora, secretas y seguras las noches, y el idioma es suave y nuevo, se aprende fácilmente, y tanto sirve para las horas de sol cómo para las oscuras.

En el país del amor cabe hacer las mayores excentricidades, tales como ponerse cabeza abajo, caminar apoyado en las manos, gritar, reír, llorar, revolcarse en las flores sin experimentar el menor pinchazo, y todas estas excentricidades parecen fruto de una maravillosa cordura. Uno puede también revestirse con el país, como si se cubriera con una capa de invisibilidad. También puede llevárselo, como un espejillo, en el bolsillo, y ver todos sus colores con solo una ojeada. Y los demás también pueden ver este país en la persona de uno, en uno y en los alrededores de uno, y preguntarse maravillados cómo pudo uno encontrar el camino que a tal país conduce....



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